A la memoria de mi amigo Juan Carlos “yuyo” Bolchinsky
Ponemos los relojes de nuevo para que mañana por la mañana podamos abrir las pesadas puertas del tesoro de todos los días.
Estamos por salir y todavía te brota la alegría de aquellas noches de vino y comilonas libres.
Ya no quedan galletitas con queso en la oficina, ni cuentas extrañas ni números raros, no quedan historias, relatos o fábulas de científicos locos o astrólogos chinos.
Bordeas tu barba candado con tu índice y pulgar, acomodás tus tiradores y mirándome a los ojos, como si fueras a decirme algo importante, me contás una anécdota.
Todo fue importante. No he aprendido a extrañar todavía pero recuerdo, y siento.
Y cuando recuerdo siento tantas cosas que no caben en palabras ni en historias, ni siquiera en los recuerdos.
Me escuchaste y me confiaste, me ayudaste y me viste con esa mirada distinta que a veces tenías como reclinándote hacia atrás y levantando el mentón.
Hubiera compartido más cosas pero no supe, y vos también lo sabías.
Ahora te recuerdo y entiendo tantas cosas... y me duele tanto...
Me quedo pensando en el próximo asado, donde vas a ponerte colorado de vino y te vas a reír hasta al hartazgo conmigo.
Ahí, si es que aún no me has entendido, voy a poder contarte y explicarte tantas cosas...
Estás ahí tan cierta como la incertidumbre, tan enorme y pequeña que mis brazos no te alcanzan y te pierdes en mis dedos como el arena blanca, como el agua, como un trasgo entretenido.
Vuelven la noche y el silencio, y el zumbido de la historia detrás de la oreja. Vuelve el viento que susurra las leyendas, que esculpe utopías, que pide espacio y tiempo, voluntad y encierro.
Y ya nadie se acerca, y nadie se aleja, y se estanca el juego del vaivén de la cintura cósmica de un camino pendular. Todo sigue en su enmarañada incertidumbre, aunque mucho menos oscuro, algo menos claro.
Con algo de sensación en la cabeza me descalzo en la arena de la nada hasta que mis pies suaves cuidados no cansados, descansen un poco.
Me advierto que estoy más vivo que nunca, y me hecho a descansar en el verde mirando el cielo entre las copas.
No tengo vino a mano ni boletos a antiguos paraísos. Tengo mi universo de tonalidades tangibles y volátiles, mi cosmos austeramente rico, deseado y temible.
Mañana habré de levantarme con el sol, transpirar el tiempo y respirar presente. Cuando vuelva del recorrido tal vez, vuelva a encontrarme conmigo.
Tu cabeza
rebalsada de números
humea en detrimento de tus postergados paraísos.
Se te hace a un lado, aunque no demasiado,
tu espacio virtual, tu intermitente burbuja saludable. Te deterioras un poco
Caen las bolsas del mundo, sobre tus hombros
las bolsas de utopías se descosen por debajo, y los ortodoxos corren a las cajas
a recuperar ahorros (pérdidas de tiempos) a comprar divisas (promesas de papel) a especular con la desgracia
y comparar sus billeteras con sus sonrisas pintadas y sus preocupaciones vacías. Se alborota el mundo,
ni por el ambiente en destrucción ni por el hambre de los pueblos,
se alborota el mundo no por la decadencia
del hombre ni por el tiempo limitado,
se alborota por el mercado virtual
que no da poder al círculo de ostentadores; porque se les esfuma el mundo de tintas y papeles
que nada tienen que ver con el arte y la poesía. Se esfumó el dinero
creado en mesas de ilusiones,
el papel moneda en promesa áurea,
el capital poderoso que gira el mundo mas aún
que los movimientos naturales de rotación y traslado.
Todo ya se había derrumbado
y nadie reparó. Reservate un día para escaparte del todo,
y recuperarte. Un día para ser en tu burbuja de hombre y utopía.
Un día que no podrán quitarte los fríos mercados impiadosos.
Saboreo el aire amargo de reconocer
la recordada finitud del tiempo,
los posibles últimos momentos
que presencio a cada instante.
Me vuelvo aire denso,
humo oscuro que asfixia y enceguece.
Ya no me encuentro dentro de mi cuerpo.
Soy la ilusión de mí,
el recuerdo de lo que aún no fui,
el olvido de lo que he dejado de ser
desde que entendí que todo
tiene sentencia de vencimiento.
Ya no vestís de negro.
Te regodeas desnuda a mi alrededor
esperando que te bese despacio,
con ganas, con delirio…
No voy siquiera a tocarte apenas,
ni aunque tomes mi mano,
aunque me ultrajes de noche y de día
para que arroje sobre tu existencia
aunque mal no sea
mi odio, mi locura, mi desidia.
Mañana volveré a despertar,
y estarás sentada a los pies de mi cama
esperando que nada suceda
mientras lees los arribos en tu diario íntimo.
Sólo una vez te daré ese gusto.
_______________Y ni siquiera!
Escuchamos las voces
en voces externas,
y no nos encontramos dialogando
con la boca cerrada
y los iris dilatados fijos en la nada.
Ahora las voces, como siempre,
apuñalan despacio,
rescatan ilusorios recuerdos
y en lugar de comprender
________condenan.
Dejamos de juzgarnos
y sin levantarnos del banquillo
esperamos sentencias.
Ya no para volvernos prófugos
y gritar nuestra inocencia
por las calles desoladas,
nos quedamos
escuchando que han de suponer,
que creen las voces,
que esgrimen sobre nuestros actos
tendientes a conseguir nuestro lugar;
___que dista mucho
___de ser la celda donde quieren ubicarnos.
Yo
___soy
_______yo,
lo fui casi siempre,
salvo honrosas decepciones,
y lo seré eternamente ahora descubierto.
Ni aquéllos que han sentado precedente
ni aquellos que nadie ha conocido.
Soy toda esta bolsa de utopías y temores,
esta valija de ilusiones sensatas y coherentes
que se derrite en hojas de papel con letras bien usadas.
Este delicioso trasgo
que se extenúa pensando y deliberando
en textos dibujados
detrás de sus gestos y sus sensaciones ocultas.
Y ahora escuchen ustedes,
voces del delirio místico
que creen conocer los pormenores de todo:
Soy lo que jamás podrán hacer declinar ante sus pies,
soy a lo que temen los indeseables pragmáticos,
soy el artista, el clown, el delirante,
que se oculta detrás de un disfraz de ustedes
para que sólo puedan verme cuando soy
y no cuando asesino el tiempo.
Un niño
en su inmortalidad desafía
infinitos precipicios de grises tóxicos,
atraviesa tormentas de huracanes,
con paraguas de papel
y resulta ileso.
- que te vas a romper el cráneo nene! –
Es imposible.
Es imposible lo imposible
y todo parece que con esfuerzo,
tarde o temprano,
de una u otra forma,
similar al menos,
se logra.
- Vos, dejame a mi –
Y todo se lograba.
El tiempo nos alimenta primero,
después corre
el tiempo a la par nuestra
y se nos va escapando.
Intentamos alcanzarlo,
atraparlo con nuestras manos,
detenerlo… Pero corre el tiempo
a su ritmo acelerado antes imperceptible,
corre desenfrenado,
sin sentido, hasta que de pronto
_________gira
hacia nosotros.
El tiempo nos corre
descarado,
y huimos de él,
lo evadimos de una u otra forma
pero nos acorrala en la equina de la noche
para susurrarnos al oído
que siempre fue él
quien nos estaba esperando.
-o-
Se van alejando de pronto
una camada de aduladores primero,
de críticos después,
y nos vamos convirtiendo en aduladores
en prototipo de críticos
creyendo que hemos aprendido algunas cosas.
Nos van dejando espacios para rellenar,
nos van dejando el aire para respirar,
la misma toxicidad
que antaño desconocíamos.
En medio de la creación descubrimos
el final,
ese odíable saber que nos perturba,
como cualquier final
que siempre sabe a fracaso.