El prehistórico animal
renace
tras la aparente extinción de su detestable existencia.
La hembra de la raza escupe sus falacias
con veneno histérico,
se esconde en el poder ajeno de los turbios manejos
y esgrime sabiduría inexistente
que la cataloga viva.
Se lame las heridas,
afila sus colmillos en la oscuridad del día
y se repliega
hasta dar el zarpazo,
cuando nadie está a la vista.
Muerde.
El veneno corre por las venas de sus víctimas,
pero no mata. Hiere, duele, enfurece y desquicia,
pero no mata.
Cuando la somnolencia se disipe
y las posibilidades nos den la razón,
tendremos que recordar no mantenerla en cautiverio por más tiempo.
Quitarle el veneno,
o la vida
son opciones,
pero nada de esperanza en que las cosas cambien.
Un pequeño sacrificio,
con sonrisa expuesta,
para dejar en libertad las víctimas
de ese calvario eterno, porque repito...
hiere, duele, enfurece y desquicia,
.....................................pero no mata!
Agazapado en las oscuridades de las noches
e invisible al resplandor de los días,
me descubro pensante a la espera
de mejores ocasiones para mis zarpazos certeros.
Afilo en silencio las navajas de mis plumas
y acondiciono los papeles blancos
que conformarán los planos de mis viajes ocultos.
Estudio, poco últimamente,
las delicias etéreas de los viajes fugaces.
____Esas escapadas a las tierras de utopías
____donde no era un ciudadano más,
________ni una utopía.
La tarde volverá a caer con el desaire del día
y yo tendré mi lugar,
donde desplegar mis papiros, mis planos, mis mapas
y mis bitácoras
inalterables e intactas al paso del tiempo.
Ese atardecer que llega me devolverá una vida.
Una vida agazapada en las oscuridades de las noches,
invisible al resplandor de los días y perdida
en los interminables laberintos del pensamiento.
Salí a caminar para olvidarme de todo,
y me acordé de mí,
y de nosotros.
La ví distinta,
a esa altura las distintas escaseaban y
un beso la consagró cierta
recién después de algunos días
animados por charlas y cafés de última hora.
Ahora la conozco
radiante y no tanto,
alegre, sensual, humana,
como una utopía dulce
en mis sueños de toda la vida,
la reconozco cada día
inconmensurablemente hermosa.
Repentinamente en mi universo,
o en el universo que creamos al sabernos ciertos,
descubrí que el sol de su existencia
resplandece sobre mi mirada cotidiana,
ideando utopías nuevas,
generando aire en los caminos cerrados,
uniendo todos nuestros pasos, por los que,
evidenciando la veracidad de la dicha,
zambulliremos nuestra certeza en la delicia de la existencia.
Las páginas que no he escrito
se encuentran en mi memoria.
E impregnadas mis retinas
de esas inmaculadas imágenes,
todo lo que cruce mi camino
sucede detrás.
Tu rostro sonriente,
tu cuerpo, tu voz, tus extensiones,
y esa criatura feliz que nos sucede libre
son los principios de cada día
y los finales de cada noche.
Dejo que vuelva a amanecer
y despierto en un sueño vivaz
donde somos uno nosotros
y las dos luces de tus ojos
que nos encandilan los días.
Llego casi a la cumbre,
como casi siempre,
y un pequeño detalle en la superficie de suelo
me derrota.
Comienzo a resbalar
como en cámara lenta
y mis dedos rasguñan la ladera conquistada.
No puedo pensar en nada más que no caer,
y mis brazos se extienden y mis pies resbalan,
intento abrazar la imponente montaña
y mi cuerpo se rasga,
pero soporto todo.
Esta vez no voy a caer.
Esta vez no miro hacia abajo.
Volveré a hacer pie y llegaré a tu cima.
La única forma que caiga
será del otro lado de la ladera.
Nos vamos sucediendo,
complementando,
equilibrando,
sabiendo que nunca termina,
que siempre estamos construyendo.
Como subir una escalera mecánica que baja,
manteniendo un tiempo coherente
para continuar el ascenso,
apurando el paso
para que el comienzo no nos muerda los talones.
En nombre de nadie,
ni siquiera mío,
camino en la utopía, por ejemplo,
de que el hombre sea hombre
y no otra cosa.
En la utopía de que todos
somos iguales. En esa utopía donde yo te pienso
y vos, y tú, o quien lea, me piensa.
En la utopía de que todos nos pensamos
y nos sabemos que somos, que soy,
que sos, o eres.
Somos vida
y muerte.
Seamos más vida que otra cosa.
Volvamos a evitar los males del planeta
sin que resulte necesario,
para ello,
evitar al ser humano.
Camino desorientado
sin saber
a donde debo ir en realidad.
Erguido, a paso firme
dejando atrás
ese camino recto y despojado,
dejando atrás
todo lo inútil que he guardado
porque se,
no a ciencia cierta ni siquiera aproximada,
que delante...
delante está el camino que he buscado.
Y que aún así,
cuando no encuentre destino imaginado
cuando el camino me evite el recorrido,
y me pierda en sistemas y construcciones que obnubilan,
aún así,
siga caminando hacia un destino que no llegue.
Porque llegar,
llegar a un sitio imaginado,
es haber dejado de buscar.
Es claudicar.
Que viva lo imaginado!!!
Elijo ahogarme en utopías.