Tan cerca, a veces, que pareciera
que humedeces mis labios
para llevarme a tu lado,
y alejarme
de lo hostil del lugar
y de los cuerpos.
.
Tan cerca que mi pecho se hincha
como explosión
contenida de todo el organismo orgasmo,
bajo la cercanía de tu piel
fría e intangible.
.
Tu pálida imagen me enamora de a poco
y pierdo el temor por tu sexo de arañas
debajo de ese atuendo oscuro que te eclipsa el deseo.
Recorrés mi cuerpo lentamente,
acariciás mis venas y absorbés
delicadamente
todos mis sentidos en tu beso marmolado,
una ventosa incontenible que se lleva todo,
me vaciás con tu gracia simple
empleada del destino,
llevás mi sangre en tus venas y otras tantas
que has tomado al reducir hombres al punto
de caer bajo tu nombre, tu imagen, tu ideología.
.
No te quedes cerca.
No sabré amarte como he aprendido,
no mereces la atención que dan algunos
como si reina fueras de la sombra de suspiros.
No igualarás jamás lo sensual
del perpetuo deseo
ni podrás saber lo que se siente;
no tenés capacidad de poder enamorar por lo que sos,
por tu egoísmo.
.
Me alcanzarás
cuando menos se te ocurra,
cuando la nueva mañana
sea milagro
y ayer haya sido
todo lo necesario.
Así y todo, cuando vaya
no será de tu mano, amada espanto,
iré delante tuyo
con mis versos bajo el brazo
para volver
en cualquier momento
a refutar
tu existencia inevitable.