Para no leer, o aburrirse un buen rato.
No me salen las cosas que hay adentro. Me siento y cualquier historia que veo, escucho o leo termina por hacerme llorar, no a lágrima viva ni desconsoladamente. Compungido, triste, impotente. Mañana me levanto frío, y con el correr del día me vuelvo payaso, después poeta. Incluso, hasta vuelve a cruzarse la idea de volver a enamorarse. Pero no enamorarse por querer enamorarse, enamorarse inevitablemente, enamorarse sin querer, sin pensar, sin conciencia. Enamorarse de casualidad, por sorpresa. Enamorarse para dar sin esperar demasiado, para convertirse en estúpido, para lanzarse al vacío con dibujos acrobáticos, para evitar decir te quiero, enamorarse para recordar lo que es un abrazo por la noche, no un abrazo tibio, ni cariñoso, ni erótico. Un abrazo enamorado con los ojos cerrados. Un abrazo de almohada. Un abrazo de oso. Un abrazo extrangulador y estrangulado, un abrazo con risas en la nuca, con dientes en la oreja. Yo no digo que no exista ni me quejo de no verlo. Me critico definitivamente de no saber decir lo que quiero, de no decir nada, o decirlo con frialdad de diccionario. Un te quiero sincero tiene mas de siete años. Tal vez ya habré olvidado como se pronuncia, como se dice, al menos, como se siente. Te quiero, te quiero, te quiero. No se realmente cuanto me quiero, no soy lo que esperaba y sin embargo espero. Espero que aparezcan las palabras y las ideas, no cuando ellas quieran aparecer sino cuando yo quiera, espero querer querer, y dejarme hacerlo y dejar que lo hagan, espero estar listo y preparado para decir las palabras indicadas sin tener que pensarlas, sin tener miedo, sin esgrimir operaciones matemáticas en cada punto y aparte. Tener un poco de confianza, un poco de orgullo (si hay lugar para el orgullo cuando uno se enamora), tener la conciencia en paz y el tiempo sin relojes, tener espacio para correr y lugar donde volver, tener aire en los pulmones y no humos grises, ni tumores, tener la sonrisa en la boca, pero la sonrisa mía no la de obsequiar. Enamorarme para saber lo que se siente, ahora que comprendo la historia de otra forma, enamorarme para poder saber si puede enamorarse un tipo como yo. Para saber si pueden enamorarse de un tipo como yo. No se decir las cosas, ya no se jugar a los Romeos y las Julietas, prácticamente ejerzo un Hamlet admirable, y ciertamente ridículo, como el original. No voy a sacarme la nariz de clown, pero quiero también reirme de alguien, de alguien que me haga reir y no reirme de la ridiculez o la hipocresía del mundo. No me salen las cosas de adentro, es esto parte de mi experimento, decir, desde lo que mas moleste sin pensar, como un chorro despedido de una manguera a presión, decir por ejemplo que no se decir lo que quiero, ya lo he escrito en un poema y no dejo de decirlo, por eso también me siento solo, y no sólo estoy hablando de una mujer, sino simplemente de que me siento solo, y me gusta, y me lastima, como si un masoquismo hipócrita se apoderara de las palabras, de mi tiempo, de mi vida. No es el escritor el que está hablando, no es siquiera el que escribe, ni el que piensa. Es el único de mis trajes que no me puedo poner, el privado de libertad, el atrevido, el lanzado, el muerto civil que vive en mi, como un delirio que sólo puede dibujarse en un papel. Siempre hay otra posibilidad, y detrás de esa otra, y otra. Cuantas más posibilidades más imposibles, cuanto mas tiempo menos tiempo, cuanto más, siempre menos. Paradoja. No encuentro las formas de decir las cosas, y no puedo decir lo que siento quedando en evidencia y descubriéndome de golpe, no puedo saltar al abismo aún sabiendo que se volar, yo despego desde el suelo, primero carreteo, me arrastro si se quiere, para recién después, cuando nadie mire, tomar el vuelo. Estoy tan triste y defraudado de mis últimas imágenes, tan valiente y tan cobarde en cosas tan disímiles, parezco no temerle a la muerte y sí a enfrentarme a mi imagen, a cierta exposición de mí. Algunas de esas exposiciones se fueron atenuando con el tiempo, hoy leo en público y salgo corriendo, pero leo en público y vuelvo, y ya no salgo corriendo aunque no hago alarde de ningún estilo. Pero no quiero desnudarme bajo ningún aspecto y algunas palabras se han borrado de mi boca como si una camisa se me aferrara al torso, ya descreo de que no quiera desnudarme sino que casi me convenzo que no puedo. Pero él sabe que podría hacerlo aun cuando nada se le ocurre para decir en el momento, imagina, vuela, crea, goza, observa, pero no exterioriza el más mínimo detalle, no dice nada de lo que quiere, no dice nada, no dice, no. ¿Puede finalmente esta bolsa de pelotudeces enroscadas en el cuello enamorarse o enamorar? Nadie conteste. Sí. Puede. Cuando se desenrosque o lo desenrosquen, cuando se enamore y enamore, cuando pueda decir a los cuatro vientos que la está pasando mal a pesar de su constante negativa, de sus chistes y su risa, cuando pueda admitir que existe, que es, que habla, que puede decir las frases mas ingeniosas sin mentirse ni mentir, que no solo es payaso, poeta y empleado, que tiene habilidades que no explota porque no encuentra las situaciones, y no las busca; cuando pueda mirar a esa mujer a la cara y decirle lo que piensa sin miedo a los rechazos, cuando pueda pararse delante de un auditorio y ponerse en pelotas. Puede, puede cualquier cosa, estoy seguro, pero no me cree, cuando tiene la palabra en la boca y la situación en el cuerpo, piensa en si pudiera… y se va volando a un paraíso en el fondo del espejo, el mismo tal vez que no toma en la vida real. Él quiere poder enamorarse, pero tal vez, en el fondo tenga un miedo infernal de enamorarse solo.

Poeta por donde se te mire. Lo tuyo no es raro ni particular, es muy común, lo raro y particular es que (por eso sos poeta) lo pongas en palabras. Lo "te quiero" son fáciles de decir, lo difícil es decir "no puedo decir te quiero", eso implica quedarse en pelotas.
Y aquí tenés un ejemplo, vengo desnudándome hace tiempo y no me importa, reconociendo que no soy Julieta pero me encantaría serlo, integrando la enorme bolsa de complicados que le buscan las causas a lo más común de este siglo: la dificultad de enamorarse. Que tire la primera piedra quien se enamora a menudo, es mentira, no ocurre más que de vez en cuando (a algunos les pasa sólo una vez). Lo que sí tenemos por todos lados es poesía amorosa, con imágenes románticas, con deseos genuinos que muchas veces son grandes adornos a la realidad.
Creo que estamos atravesando una época de enormes dificultades para enamorarnos, y al menos lo bueno es que no nos da vergüenza reconocerlo.
besos, inconciente escritor!
Gracias Lucía, no tengo palabras. Es bueno saber a veces que uno no escribe cosas extrañas a los demás, sólo da su toque, su perspectiva, su imagen. Tal vez sea muy cierto lo de las dificultades de enamorarse, también puede ser tal vez que debiéramos dejarnos enamorar un poco más, permitirlo. Es un tema muy complejo, amplio y diverso.
Pero usted está siempre en una sintonía especial, tal vez por eso me detengo a leerla cotidianamente.
Un beso enorme.
Vine a leerme entre tus letras y me voy más consciente de mi mismo
Gracias Iñaki, es usted un maestro.
Debo admitir que antes de colgar algo como esto, dudé horrores.
así muchas gracias por el comentario.
Un abrazo.
Decir lo que no se puede decir es poesía. Porque el poeta ama la poesía. ese es un amor primero. Todos los demás quedan subordinados.
El amor siempre es la pérdida de uno en el espejo.
Lei ... no me salen las cosas que hay dentro y me dormi... (me disculpo) :):):) poeta. Poeta. POETA