Vuelven la noche y el silencio,
y el zumbido de la historia detrás de la oreja.
Vuelve el viento que susurra las leyendas,
que esculpe utopías, que pide espacio
y tiempo,
voluntad y encierro.

Y ya nadie se acerca,
y nadie se aleja,
y se estanca el juego del vaivén
de la cintura cósmica de un camino pendular.
Todo sigue en su enmarañada incertidumbre, aunque
mucho menos oscuro,
algo menos claro.

Con algo de sensación en la cabeza
me descalzo en la arena de la nada
hasta que mis pies
suaves cuidados no cansados,
descansen un poco.

Me advierto que estoy más vivo que nunca,
y me hecho a descansar en el verde
mirando el cielo entre las copas.

No tengo vino a mano
ni boletos a antiguos paraísos.
Tengo mi universo de tonalidades tangibles
y volátiles, mi cosmos
austeramente rico,
deseado y temible.

Mañana habré de levantarme con el sol,
transpirar el tiempo y respirar presente.
Cuando vuelva del recorrido
tal vez,
vuelva a encontrarme conmigo.