La próxima
A la memoria de mi amigo Juan Carlos “yuyo” Bolchinsky
Ponemos los relojes de nuevo
para que mañana por la mañana
podamos abrir las pesadas puertas
del tesoro de todos los días.
Estamos por salir y todavía
te brota la alegría
de aquellas noches de vino
y comilonas libres.
Ya no quedan galletitas con queso en la oficina,
ni cuentas extrañas ni números raros,
no quedan historias, relatos o fábulas
de científicos locos o astrólogos chinos.
Bordeas tu barba candado
con tu índice y pulgar,
acomodás tus tiradores y mirándome a los ojos,
como si fueras a decirme algo importante,
me contás una anécdota.
Todo fue importante.
No he aprendido a extrañar todavía
pero recuerdo,
y siento.
Y cuando recuerdo siento tantas cosas
que no caben en palabras
ni en historias,
ni siquiera en los recuerdos.
Me escuchaste y me confiaste,
me ayudaste y me viste
con esa mirada distinta que a veces tenías
como reclinándote hacia atrás y levantando el mentón.
Hubiera compartido más cosas
pero no supe, y vos
también lo sabías.
Ahora te recuerdo
y entiendo tantas cosas...
y me duele tanto...
Me quedo pensando en el próximo asado,
donde vas a ponerte colorado de vino
y te vas a reír hasta al hartazgo conmigo.
Ahí,
si es que aún no me has entendido,
voy a poder contarte y explicarte tantas cosas...
!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>!--[if>![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->![endif]-->


Mariela dijo
Gracias por tus palabras, mi tio fue una persona muy querida y saber que toco a otros como a nosotros reconforta.
6 Mayo 2009 | 11:32 PM